Diferenzas entre revisións de «Follas novas/Prólogo»

sen resumo de edición
(puxen {{Entradución}}, pero non vexo moito como vou podelo traducir e non atopo unha tradución ao galego libre de dereitos, si ningén se bota e que non atopo , tera que ir a lixo)
 
*:¡Y cuántas veces héme fingido estas tierras en mi imaginacion y he tratado de resucitarlas y de describirlas tales como las veia interiormente! Sobre todo, esa extraña y desconocida Galicia me llamaba con sus innumerables atractivos y aparecia verde y húmeda, ceñida de espumas oceánicas, tapizada de inacabables prados, llena de colinas en cuyas alturas sombrea el bosque y á cuyos piés brilla la floresta, esmaltada por sus rias y por sus puertos semejantes á tranquilos lagos, cubierta de castañares y de naranjales, con sus mares verdes y sus horizontes recamados de arreboladas neblinas, como una especie de Escocia meridional española, muy apropiada, cual la Escocia británica del Norte, á la poesía, y al cántico, y al sentimiento de la naturaleza.
*:¡Y será de ver aquella catedral, á la que volvian sus ojos los moribundos en toda la Edad Media, é iban, hasta del seno de la Bulgaria y de Rusia, los peregrinos en gran muchedumbre á ganar el perdon de sus culpas con poner los labios en las losas de su pavimento! ¡Y el alma se quedará extática en su puerta de la Gloria pintada de tantos colores y entre cuyos iris, semejantes á los matices de la oracion, y entre cuyos dorados, semejantes á los resplandores de inmaculado éther, revolotean las innumerables figuras como místicas mariposas venidas de las flores del cielo, y surgen las estatuillas como mensajeras encargadas de elevar á las alturas celestiales las constantes aspiraciones que á lo infinito siente en su eternal carrera nuestro pobre y oscuro planeta! ¡Cómo caerán las sombras por aquellas recatadas capillas, antiguo albergue de las peregrinaciones y término santo de largo y proceloso viaje! ¡Cómo resonará por aquellas bóvedas el grito que los guerreros han proferido en Clavijo, en Calatañazor, en las Navas, en Tarifa; el grito que invocaba al Apóstol y lo traia al frente de nuestros ejércitos en su blanca cabalgadura apocalíptica! Jerusalem, Roma, Compostela, eran por aquellos tiempos de fé como las tres gradas espirituales por donde la pobre humanidad podia subir hasta ver frente á frente las tres personas de la Trinidad Santísima.
*:Y después de haberse confortado el ánimo con estos santos recuerdos, ¡cómo se comunicará con la naturaleza! Ya sé por experiencia que no puede pedírsele al Norte el color de nuestras tierras meridionales y la línea inflamada que rodea como de una aureola esplendente las aristas de la Giralda y la estrías del Parthenon. Ya sé que nuestro paganismo clásico, nuestra forma plástica, nuestro relieve escultórico, los secos torrentes en que la adelfa se corona de rosadas flores y la palma se cimbrea al soplo abrasador del simoun, jamás se encuentran en los campos eternamente verdes que el Océano riega con sus evaporaciones contínuas y con sus lluvias benéficas, y que la niebla envuelve en sus velos de gasa. Pero será de ver el campo tranquilo, como los idilios de Teócrito; el prado á la contínua reverdecido por una primavera perpétua; los bosques de frutales, cargados con las abrillantadas frutas; las colinas, donde en libertad crecen toda clase de arbustos; entre los altos robles y castaños el antiguo campanario de la aldea; por los hondos valles la cabaña con su establo y el establo con sus vacas á la puerta; serpenteando en varias direcciones la ria serena y trasparente, llena de barcas ligeras que contrastan con las pesadas carretas, y trabajando sin descanso los campesinos de ambos sexos, seguidos de sus innumerables chicuelos que entonan á una en coro esas sonatas y cantares, cuyos aires se han elevado en las composiciones de los primeros maestros europeos, lo mismo en la sinfonía pastoral de [[Beethoven]] que en la tierna Sonámbula de Bellini, á expresion clásica de la felicidad campestre. Galicia tiene pintores, que excuso nombrar, capaces de darnos idea tan clara de su tierra como los pintores malagueños nos la han dado de una merienda en la Caleta ó los pintores sevillanos de un baile en Triana.
*Inútil buscar en las composiciones gallegas una sombra como de azabache junto á una pared cuya cal semeja al alabastro; la luz llega, cernida por tantos vapores como hay en el aire y amortiguada por tanta vegetacion como hay en el suelo, dulce, á guisa de caricia gallega, sin rebotes hiperbólicos, sin reverberaciones metálicas á los ojos, que pueden recibirla y gozarla en una placidez inefable. Bajo los seculares árboles de ramas bastantes á cubrir una plaza; en cercados floridos y olientes á madre-selva; sobre alfombra natural, y aunque natural mullida y blanda, el gallego, cubierto con su montera y ataviado con sus calzones y su chaqueta de paño oscuro que chapillas de plata abotonan y adornan, baila en compañía de la hermosísima gallega, en cuya cabeza flamea el pañuelo de colores realzado sobre el primoroso dengue y el oscuro zagalejo de estameña, y en cuyo cuello relucen sobre la blanca camisa los varios collares; y así, trenzan, al son de su gaita, una de esas danzas iguales á su música, por tristes, por amantes y por voluptuosas.
*Lo cierto es que esta tierra, falta de calor, inspira á sus hijos un pasion tan encendida que raya en fanatismo. Ni el catalan, que se cree ciudadano de perfecta nacionalidad; ni el andaluz, que habita la region más privilegiada y más poética de España; ni el valenciano, bienhadado en sus asiáticos jardines; ni el vigoroso aragonés aman á su patria como la ama el gallego. La sombra de sus árboles, el dejo de su agua natal, los mendrugos de su pan de maíz y de centeno, las maderas de su establo, el olor de sus vacas, el espacio de su Municipio, el tañido de la campana que toca la oracion al anochecer, la melodía de su zampoña, el cantar de su alborada en tales términos se imponen á sus sentidos, á sus sentimientos, á su conciencia, á toda su alma, á todo su sér, que al arrancarle de allí le desarraigan, como si fuera un árbol, y dobla el cuello, y pierde la gana, y apaga la mirada, y desmaya de fuerzas, y decae de color, y olvida el habla, y siente una tristeza tal en todos sus afectos y un dolor tan agudo en todo su cuerpo, que concluye el infeliz por la muerte. Hay razas de tal suerte unidas con su tierra, que al separarlas separais los dos términos de una entidad, el alma y el cuerpo, y concluís con su existencia. La mayor parte de aquellos suicidios de pueblos, como los de Numancia y de Sagunto, que tanto nos maravillan, se explican por el apego al suelo natal, fuera de cuyo aire no pueden respirar ni vivir. Existen razas nómadas como las razas invasoras del Norte, llamadas por una vocacion interior al movimiento, desasidas del suelo, juntas con su caballo y con su carro que las trasportan de uno á otro territorio, las cuales se engendran en una region, nacen en otra, viven de contínuo viaje, mueren sin saber el pueblo donde han nacido, y cambiando de creencias cual cambian de patria, tienen la vocacion de las emigraciones, y de las conquistas, por cuyo terrible poder suelen renovarse las sociedades humanas, de igual suerte que se renuevan los aires por las tempestades y por las inundaciones los campos. Pero en cambio hay otras razas á quienes jamás separaríais del territorio donde nacen y que se pegan á él como la carne al hueso. Estas son las razas que padecen el mal del país, llamado en griego nolstalgia, mal horrible que termina casi siempre por la muerte. Y parece que la fatalidad lo quiere. El gallego se vé obligado, por la densidad de la poblacion y por la tristeza del suelo, á las emigraciones constantes. Imaginaos cuál será su pena cuando trasponga la línea del horizonte sensible y deje tras sí el campanario de la iglesia parroquial en cuyo regazo ha crecido su alma; el cementerio donde yacen sus mayores, con cuyos huesos se mezclan las raíces de la vida; los hogares que han cobijado los afectos y las pasiones, á cuyo impulso se ha reunido la sangre y ha amasado la carne del corazon. En ningun punto del mundo donde vaya volverá á ver la zagaleja que, con la mano puesta al oido, la cabeza movida á un lado y otro, los ojos fuera casi de las órbitas cual si buscara y no encontrara el sér amado, entona la triste cancion correspondiente á la serenata andaluza, cancion parecida, en su larga y triste cadencia, bien á un arrullo de amor, ó bien á un suspiro de muerte. Y se comprende, se comprende perfectamente que al abandonar todos estos lugares, indisolublemente unidos á todas sus pasiones, desfallezca y muera. Y esta tristeza del alma se refleja en su poesía, que es verdaderamente una poesía melancólica del corazon.